Vacunación: la confianza a uno y otro lado
A raíz de las noticias aparecidas en los últimos días sobre un problema con la vacunación en una de las comunidades autónomas que forman parte de nuestro ámbito territorial, como asociación de Medicina Preventiva y Salud Pública, queremos un realizar un manifiesto que, contribuya a mantener la confianza en las vacunas y en el proceso de vacunación en toda su extensión, ya que, se trata de una de las mejores medidas de salud pública para mejorar la salud de las personas.
No nos podemos pronunciar sobre los hechos concretos ni sobre las posibles causas y consecuencias del mencionado problema porque la información de la que disponemos proviene de los medios de comunicación y de las declaraciones públicas por lo
que, sería una temeridad por nuestra parte ofrecer explicaciones que, a buen seguro, serían incorrectas por la falta de los elementos de juicio pertinentes.
Sin embargo, la ocasión nos permite aportar algunas reflexiones que, esperemos que sirvan para mantener o aumentar la confianza en las vacunas y aclarar algunas dudas que se han suscitado sobre el proceso de vacunación.
Nunca está de más incidir en la importancia que tienen las vacunas como intervención sanitaria para la prevención de enfermedades transmisibles (enfermedades infecciosas en su mayoría) y que tiene entre sus hitos más destacados la erradicación de una enfermedad, la viruela, que, hasta los años 70 del siglo pasado causó millones de muertes a lo largo de la historia. El primer mensaje es claro, las vacunas son efectivas.
Pero siendo esto muy importante, no es suficiente. Además de efectivas deben ser seguras porque están dirigidas, sobre todo, a las personas más vulnerables; las personas que se encuentran en los extremos de la vida y a las que padecen alguna condición que
disminuye la integridad de su sistema defensivo. Por lo tanto, las vacunas pasan estrictos controles de calidad y de seguridad para garantizar que, además de ser efectivas son extremadamente seguras.
Esta seguridad se extiende a todo el proceso de vacunación y no solo al producto en sí. De esta manera, el proceso debe respetar en todo momento las condiciones de almacenamiento, transporte, manipulación e inoculación de la vacuna. Cualquier fallo en
esta cadena puede comprometer la efectividad y la seguridad de la vacuna.
A todo esto hay que añadir el registro veraz de todos los pasos, lo que permite trazar todo el proceso, analizar su idoneidad detectar los errores que puedan surgir en cualquier momento. El sistema de registro se conforma como una especie de espejo que debe reflejar fielmente la imagen de lo que ha acontecido en la realidad. Si la información que se introduce no es correcta o no se dispone de herramientas de análisis fiables, la imagen que nos devuelve el sistema estará deformada como los celebérrimos espejos de la Calle del Gato.
Nuestros sistemas sanitarios son seguros pero no son infalibles. La posibilidad de error y de fallo es consustancial a todas las actividades humanas.
A colación del caso que da pie a este escrito nos gustaría aportar las siguientes reflexiones, empezando por lo más obvio:
● Nunca se debe administrar una vacuna caducada: Ni ningún medicamento caducado en general.
● Hay que vacunar de manera segura: La administración de una vacuna es un procedimiento sanitario que se debe realizar conforme a los protocolos establecidos y a las buenas prácticas asistenciales. En un acto, aparentemente tan sencillo como un “pinchacito” hay muchas comprobaciones que realizar: identidad correcta de la persona vacunada; vacuna correcta; comprobación de la integridad de los componentes de la vacuna, del vial, de la dosis (si es multidosis); fecha de caducidad; etc. Y como en cualquier acto asistencial, las prácticas seguras son insoslayables, la más importante de todas ellas, la higiene de manos de las y los
profesionales.
● La seguridad no solo depende del producto: Antes de vacunar también hay revisiones que realizar: incidencias en el almacenamiento (rotura de cadena de frío); problemas en el transporte; ausencia de alertas sanitarias sobre lotes concretos. Estas actividades de revisión y control están dirigidas a evitar el uso de productos que no reúnan las condiciones de idoneidad
establecidas.
● El registro debe reflejar fielmente la realidad: Para poder realizar una trazabilidad de todo el proceso de la vacuna y saber quiénes han sido los destinatarios finales de la vacuna es necesario disponer de un sistema que permita registrar sin errores cada uno de los pasos del proceso. Lo deseable sería utilizar sistema de captación automática de la información para introducir, por ejemplo, avisos previos antes de administrar la vacuna (fecha de caducidad vencida, alerta sanitaria, etc.) y evitar los errores humanos de
transcripción. Pero, ¿qué ocurre una vez que se ha administrado una vacuna caducada? A continuación aportamos unas reflexiones:
● Vacuna caducada no es sinónimo de vacuna no efectiva: La fecha de caducidad de cualquier producto, en este caso de las vacunas, es el límite temporal que establece el fabricante, en base a sus estudios y conocimiento, para garantizar la efectividad y la seguridad. Superado este límite, se deberá considerar que la vacuna no es efectiva. Ahora bien, en el caso de que inadvertidamente se haya administrado una vacuna caducada seguimos contando con un margen de tiempo en el que la vacuna mantiene su potencia inmunizante pero se debe individualizar en cada caso la pertinencia o no de revacunación. Esto va a depender de múltiples factores entre los que podemos mencionar la edad de la persona vacuna, el orden de la dosis que corresponda (primera, segunda o tercera) y, obviamente, el tiempo que ha transcurrido entre la fecha de caducidad y la inoculación de la vacuna. Con todos estos elementos el fabricante puede determinar si está en condiciones de ofrecer garantías de efectividad en ese caso.
● Vacuna caducada no es sinónimo de vacuna en mal estado: De manera análoga, la vacuna mantiene sus propiedades de seguridad una vez superada la fecha de caducidad dentro de unos límites razonables que deberán establecer el fabricante y las autoridades sanitarias en cada caso.
● Vacuna caducada no es sinónimo de vacuna dañina: Por lo dicho anteriormente, la administración de una vacuna caducada no significa, inevitablemente que va a provocar un daño. El principal problema podría ser su “falta de efectividad” lo que conlleva la administración de una dosis adicional para compensar la vacuna que se considera “no válida”.
Noticias como la que hemos conocido producen efectos colaterales no deseados, y uno de los más preocupantes puede ser la pérdida de confianza de la ciudadanía en las vacunas y en el proceso de vacunación. Creemos que, un análisis sereno y profundo de la dimensión del problema y de los posibles factores o causas que lo han producido o precipitado, mediante una investigación rigurosa y de acuerdo a criterios científicos contribuirá a esclarecer lo ocurrido y a mantener la confianza en las vacunas pero también en las instituciones sanitarias y, sobre todo, en las y los profesionales sanitarios.
La vacunación es, en última instancia, un acto asistencial en el que hay personas a uno y otro lado de la aguja.
